Visitando algunas blogs que conozco, me encontré con un comentario de texto de muy buena narrativa -sinsangre-, pero que me llamó la atención. Intentando darle mi parecer a este coctelero, me alargué y más bien me quedó una crítica social y política que una pequeña opinión.
Aquí muestro el comentario en cuestión, y siguiéndolo, mi escrito. Ambos muy ricos entrelíneas.

sinsangre
8 Agosto 2005

Lenguas

Últimamente se está poniendo de moda la obligatoriedad de usar términos en otras lenguas para denominar palabras o lugares cuya traducción al castellano es conocida y usada desde siempre por todos los hispano parlantes. Parece ser que lo que inicialmente consistía en una muestra de cortesía se ha ido convirtiendo, en la actualidad, en una necesidad y en un insulto al idioma el no aplicar esos neologismos.

Solía ocurrir con los anglicismos y demás palabras originarias de otros países extranjeros. A nadie le extraña ya hablar de fútbol, jeans, pulóver y tantos vocablos con traducción sencilla al castellano. Lo que era un signo ficticio de buenas maneras ahora es uso común por todos, y por tanto de difícil corrección.

Pero ahora, diversas comunidades españolas han suplantado los nombres de localidades o provincias y se intenta que yo, desde Canarias, las use del mismo modo. No es de extrañar que en concursos de ámbito estatal se nombre a un participante como de las Illies Ballears, Lleida, Girona, o Ourense (disculpen los aludidos si los he escrito mal, pero no pienso corregirlos). Lo mismo ocurre al nombrar caixas, concellerencap o xuntas, erxainas o hasta president.

Por favor, no me malinterpreten. Jamás pretendería que los aludidos hablaran en castellano cuando tienen toda la legitimidad para hacerlo en catalán, gallego, valenciano, vasco o en suahili, me da igual. Si en la gomera usan el silbo, para mí es un orgullo el mantenimiento de tales costumbres tanto tiempo arraigadas en su sociedad. Del mismo modo, espero la misma comprensión cuando me refiero a baldes, cachimbas, fósforos, guaguas o tunos.

Pero yo seguiré viajando a las Islas Baleares, pasaré por Lérida o disfrutaré de Orense, del mismo modo que cuando hablo de Londres o Nueva York no las denomino London o New York.

Es así de simple. Yo no hablo catalán ni vasco, tampoco tengo intención de hacerlo. Por lo que de la misma manera que entiendo que ellos lo hagan, tan libre de hacerlo que son, creo que no se me debe obligarme a mi a hacerlo.

En conclusión, que cada uno hable como le apetezca, siempre que se respete al interlocutor que tiene delante. Es triste que yo le hable a un inglés en castellano, cuando perfectamente le puedo dar los buenos días en su idioma. No voy a revindicarle nada tras la debacle de Trafalgar.

daminor

No creo seguir muy bien por dónde quieres conducir la idea que expones en el comentario.

Más bien parece un pretexto para discrepancias políticas que la reivindicación del castellano como un idioma en sí mismo.

Estas puntualidades de los idiomas se han convertido ya en un aspecto cultural en un mundo tan globalizado como éste, aunque no nos guste o no lo aceptemos.

Por supuesto que hablaría en catalá o en galego si fuera de esas Comunidades Autónomas, pues son mis raíces, y no tengo que estar por ahí hablando en castellano cuando voy paseando por las calles de mi ciudad. Otra cosa es que alguien que me salude en castellano, yo le conteste "Kaixo", porque aquí ya estamos cayendo en nacionalismos un tanto fascistas. El respeto mutuo ante todo, como bien dices.

Planteo este punto de vista porque estoy muy convencido de que si Canarias no se hubiese visto invadida o conquistada tan cruel y violentamente por los castellanos -que no colonizada porque lo que hicieron fue cargarse todo lo que aquí había para imponer sus costumbres, su cultura, su lengua-, hoy en día nosotros canarios, perteneciéramos a la Nación que perteneciéramos, hubiéramos podido conservar un rasgo de identidad y sobre todo cultural, como es el habla de un pueblo.

Por ello me preocupa más que nuestros jóvenes y nosotros mismos, dejemos de hablar como lo hacían nuestros abuelos y bisabuelos, para pasar a "hablar bonito", que es lo que le pasa a muchas personas que se sienten muy canarias pero que en el fondo no son más que unos españoles, castellanos o hispano-parlantes más en este mundo.

La riqueza de un idioma está en la absorción de todos los términos desarrollados en cualquier ámbito cultural. Lo que no acepto para nada es ir al Sur de la Isla y encontrarme la inmensa mayoría de los carteles en idiomas que mis padres no entienden (yo, al menos me puedo hacer una idea), y eso que están en su propio terreno, digámoslo así. Cuando fui a París me lo encontré todo en francés, y nadie se paraba ni un segundo en ayudarme, menos mal que iba con intérprete que si no... En el resto de Europa, otro tanto de lo mismo. No sé qué ocurre aquí que todo lo tenemos que dar servido en bandeja de plata a los foráneos. pero me da mucho que pensar.

Yo abogo por gritar "¡Atis tirma!" en pleno Paseo de La Castellana o en Las Ramblas. ¿Se imaginan la reacción de nuestros conquistadores al escucharlo?

Y tú, ¿qué opinas?