No sé qué escribir, no sé qué publicar. Hoy, me siento vacío de contenido. Un día como hoy me siento identificado con el protagonista de un libro de Juan José Millás, "Papel Mojado". El personaje se sentía perdido, estancado, no sabía qué escribir. Tal era su situación que hasta jugaba sobre papel mojado.
Tal vez no tenga contenido porque hoy, a mediodía, al llegar a mi trabajo y hablar con mi jefe, me enteré de que mañana tengo que ir de monitor a un parque acuático en una de las guaguas llenas de personas deseosas de remojarse. Si no fuera porque no tengo ganas de pasarme por ahí, diría qué bien que me paso el día al sol. Pero simplemente me quedé vacío de contenido.
No tengo prosa, un día como hoy nada puedo escribir. Cualquier día como hoy me aficioné a una teleserie relacionada con leyes y juicios, abogados y jurados, culpables e inocentes. Y, un día como hoy me di cuenta de que no todo está hecho de color de rosa, no todo es como nosotros quisiéramos. Un día como hoy.
Un día como hoy no sabía qué explicación dar para que consiguieran entenderme. Tal vez fue mayor el uso de la forma, en una caracterizacón barroca, que el contenido, que el mensaje.
Un día como hoy no comprendí cómo era posible que dos pajarillos alados chocasen contra dos secuoyas gigantes, y el estruendoso escenario que quedó configurado en lo que un día como hoy se ha quedado bloqueado mi teléfono móvil.
Un día como hoy me pongo a escribir y lo que escribo queda suscrito. Apenas entiendo lo que esta pluma plana y metalizada está tecleando en la pantalla que parece ser un cine privado, en el que muchos días como ayer vimos lo que queremos ver, o simplemente lo que nos hacen ver.
Está tan adornado este mi comentario que, en un día como mañana, no se entenderá lo que aquí ha quedado escrito. Tal vez, un día como ayer aprendí esta lección, si no quieres que te entiendan, haz que no te entiendan, si quieres que te apoyen, que no entiendan su apoyo,. Que se pierdan, que se difuminen, que tal vez un día como mañana se encontrarán y tal vez al día siguiente de ese día como mañana, hayan aprendido la lección.
Un día como ayer salí de casa y marché a la rutina, pero no regresé. porque un día como ayer perdí la ilusión, las ganas de ir al parque acuático, el afán de conocer, de reconocer, de juzgar, de estar, de amar. Porque un día como ayer econtré todas las respuestas en dos segundos...
Ya lo sabía todo, ya no necesitaba estar en un día como mañana, que tenía que visitar al odontólogo, o en un día como hoy porque tengo que barrer hacia dentro para recoger todos los trozos que de mí se desparramaron por entre todos los trozos que estaban desparramados por el andén.
Un día como hoy, ya no me preocupa. Un día como ayer ya me preocupó. Y un día comoa mañana, qué coño, ya tendré tiempo de preocuparme por un día como mañana, porque ya no me siento vacío, me siento rebosante de contenido.
Porque no todo es un papel mojado, que aunque termina cayendo por el propio peso del agua en el papel, antes de que llegue al suelo podrá haberse secado tantas veces como podamos imaginar.