Lo que hay que ver cuando uno quiere tener una salida algo suave y tranquila. Este fin de semana pasado me pasé por una fiesta de barrio, de esas miles y miles que se suceden a lo largo de todo el verano por toda nuestra querida isla de Gran Canaria..
El barrio en cuestión era Pino Santo Alto,zona de espacio protegido, en Santa Brígida, que seguro que a muchos les suena el lugar de seguro.
Pues bien, vamos a dar una vueltita suave porque ya habíamos tenido un fin de semana algo revuelto entre tantas cosas que queremos hacer y que pasan. Vemos un poco la pequeña romería que los propios del lugar y visitantes organizan y disfrutan, con la locutora de radio Mara González de presentadora. Una romería pequeña pero amena y familiar.
No queriendo desviarme de lo que quiero comentar, me centro en el momento en que la verbena está en pleno auge, al igual que mi colocón de copas que llevo ya encima. Para mí fue una noche suave, porque ni pretendí entablar relaciones ni me apetecía tanto bailar -puesto que es un lugar cercano a donde yo vivo, hay demasiada gente que me conoce y aún más habiendo trabajado donde trabajo, por lo que soy algo conocido aunque sea de vista, pues peor todavía, unas miradas que me desnudaban a mí y a quienes iban conmigo...-, no fuera que el ojo crítico de las medianías me crucificara. Más bien fue una noche de risas y gracias, en las que te ríes prácticamente de todo, me da que por las copitas, en fin.
Lo que quiero contar aquí es que en un momento dado estaba yo de pie, en medio de la verbena pero casi a las afueras de la misma, y me fijo en una señora que describiéndola era morena, más bien baja y con apariencia de quemada de la vida, a saber las razones. De repente viene caminando rápido hacia el lado donde yo estoy como buscando a alguien. Parece ser que le encontró, pues casi detrás mía se paró bruscamente.
Yo por no ser cuico no me di la vuelta pero me sospeché que se calentaba algo ahí detrás. Efectivamente, al poco tiempo sale la señora disparada en medio de la gente con su gran chal o abrigo, no sé, que llegaba casi al suelo. Justo al instante, a mi izquierda oigo un ¡¡¡¡plasssssssss!!!!, y veo una salpicadura de algo que mancha a los estábamos cerca de ese lugar. Era una lata de cerveza que un señor -del estilo de la señora- había tirado fuertemente contra el suelo y por consiguiente la cerveza se salpicó toda.
Al instante se va él detrás de ella, como en los culebrones con ganas de montarla, enfadado y rabioso yo creo, pero eso sí, muy respetuoso, pues no dio ningún codazo ni nada por el estilo en su persecución.
Todos prestamos un momento de atención al golpetazo y nos quedamos mirando, pero a sorpresa mía la reacción que tuvimos todos fue la de seguir cada uno a su bola y a su conversación. No sé, puede que las conductas sociales sean así o que quisiéramos evitar meternos en una pelea de pareja, que era lo que parecía. Como en ese momento yo no hablaba con nadie, le di un par de vueltas a lo que había pasado hacía un momento, pero con el efecto del alcohol de dos o tres copas que tenía encima lo que pude pensar más bien me lo reservaré.
Nada, todo olvidado y a seguir con las ganas de reirme de todo con mis amigos. Pero cuando me da por girar la cabeza a un lado, me encuentro a los dos protagonistas de esta historia tan agarraditos y abrazados paseando por la verbena como si no hubiera pasado nada.
Yo, particularmente, no tuve más remedio que echarme a reir por no llorar, porque no entendía lo que en ese momento estaba viendo. Los ves todos enfadados y violentos y al rato ya están camelándose, claro que se dice que lo mejor de las peleas son las reconciliaciones. No sé, en ese momento no me entraba en la cabeza este final.
Será que uno ya sabe lo que pasa en momentos como ese y no puede decir nada, puesto que el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Desde luego, lo que hay que ver.