Escuchando Alanis Morrisette (Hand in my pocket) me siento inspirado para comenzar a plasmar en mi blog mi experiencia, mi parecer, mis ideas, sobre la cita a ciegas, por así decirlo, de unos pocos grancanarios que desde hace poquito decidimos hacernos un hueco en este mundo de Internet para publicar variedades de temas, pensamientos, anécdotas, etc.
Nos conocíamos unos pocos por motivos de trabajo, otros por lazos familiares, pero otros pocos, como mi caso, teníamos sólo una idea de las personas que íbamos a encontrarnos en ese pequeño y acogedor bar que conocí por este encuentro.
La verdad, no tengo muy claro de cómo llegué yo a meterme en tremendo lío, porque claro, va uno tan tranquilo navegando por los blogs que por oídas y recomendaciones conoce o visita, deja su parecer, concordancia, palabras de apoyo, de felicitaciones o de bromas, y sigue tan tranquilo su vida después. He de reconocer que, después de un tiempo que empecé a publicar, ya parece que vivo para leer los comentarios que me dejan y visitar los blogs de esos comentaristas. A la expectativa de que un tercero me de alguna reseña suya para darme prueba de su existencia, y así, comenzar una nueva andadura con un posible candidato a amigo virtual, internauta, o simplemente uno más en La Coctelera.
Por los comentarios dejados y oídos por boca de los que tengo más cerca, había cierta gana por quedar y vernos en carne propia en algún punto al que todos pudiésemos asistir. Poco a poco, mi correo empieza a ser bombardeado por una serie de misivas instando y motivando a los partícipes grancanarios a comenzar un caminar en eso que llamamos amistad. Desde un principio no contestaba a ningún correo, o sólo lo hacía a una persona en particular afirmando mi asistencia, cómo no, pero para mis adentros pensaba que una cosa de éstas no saldría nunca adelante porque todos desde nuestros fueros internos buscaríamos algo que frenara la iniciativa. Por miedo quizá, sí, puede ser. Miedo a lo desconocido, a las personas que íbamos a conocer, miedo a pensar que esto parece una verdadera locura. ¿Cómo puede ser que yo, que siempre he reafirmado que jamás quedaría con nadie a través de la vía de Internet, consintiese esto y esté estableciendo fecha, hora y lugar para tal extrañeza? No lo sé. Simplemente no me cabe en la cabeza. No me salió nada que otras veces me sale como freno a realizar esta cosa u otra. Sentía una tranquilidad interna que realmente no tenía síntomas de nerviosismo, de si caería bien o mal, de si me caerían bien o mal a mí.
Tras ver la insistencia y los correos en masa que recibía, empecé a palpar esas ganas de participar en la quedada. No me podía quedar con las ganas de no ir y esperar a imaginármelo escuchando y leyendo lo que contasen los asistentes. No lo podía dejar pasar tan fácilmente.
De esta forma fui llenándome de ilusión, de expectativas a cubrir, de ganas por conocer y matar al gato (perdón yeyo) por la curiosidad. Además, nunca viene mal relacionarte con caras diferentes aunque no sepas demasiado de esas personas que tienen detrás. Por razones personales a veces podemos necesitar momentos en los que desconectar del todo, y yo por ejemplo lo necesitaba. Necesitaba alejar de mi cabeza el estrés, el cansancio, las cosas de todos los días, en fin, todo, para llegar a un extremo que no conocía, en plan aventurero adentrarme en esos “mundos particulares” (que me gustó mucho la expresión) a la vez que permitía que entraran al mío. Fue algo único.
Llegado el momento, fue un poco largo el tiempo que transcurrió en coche para poder llegar al lugar de la cita, pero mientras más me iba acercando, más ilusión iba teniendo. Cuando llegué, aparqué y me bajé del coche, dije bueno, ya estamos en marcha. Rumbo a La Tasquita y hablando con quienes ya conocía, me estaban entrando ya unas ganas de comer que para qué hablar. Creo que fueron los nervios de última hora los que me jugaron una mala pasada.
Al entrar lo reconocí prácticamente todo, pues lo había visto desde los ojos de yeyo, y es como si estuviese entrando por tercera o cuarta vez al local para comer. Llegamos allí, yo entré el último, y al poco ya oí los saludos algo entrecortados, por vergüenza tal vez, de los ya sentados con los que llegábamos. Saludamos y sonreímos, pero yo me quedo con una imagen, con la de sinsangre acercándose a mí para darme un abrazo. Ese momento fue muy extraño para mí, porque sentía que estaba abrazando a alguien que no veía desde hace tiempo en lugar de alguien a quien veo por primera vez. Fue algo muy cariñoso, y que se agradece.
También me quedo con la formalidad y el entusiasmo de logoss al darnos la mano, y esa miradilla de verse interesado por lo que estaba pasando a su alrededor. La dulzura y la simplicidad de yeyo. El nerviosismo de adastra transformado en bromas y palabras. Jacosito ilusionado y alegre porque todos veíamos a su niña. Noli algo extrañada con lo que empezaba a cocerse en aquella mesa. Las respectivas acompañantes, amenas pero algo extrañas con el tanto entusiasmo que se vivía.
Y yo, allí sentado mirando para todos los presentes y diciéndome no lo puedo creer, cómo conseguimos quedar con esa facilidad y sobre todo con la ilusión que veía en todos los asistentes. Estaba alucinando. De nuevo digo que fue algo único.
Desde aquí, mil gracias a todos por la hospitalidad, la naturalidad y la espontaneidad, la asistencia, las palabras, las expectativas cubiertas, las ilusiones, por el comienzo de una nueva etapa en La Coctelera. Gracias por todo lo que personas y evento me hicieron sentir.
Una experiencia inolvidable, recomendable y sobre todo, para repetir y ahondar en esos “mundos particulares” que somos cada uno de nosotros.

Dami, tu historia es impresionante. Has captado como nadie esos primeros minutos a la mesa. Enhorabuena, campeón :)
Eres un máquina chaval. Esa forma de ver y contar las cosas es muy buena.
Chico, no sé si es cosa mía, pero cada vez escribes mejor. Fantástica descripción de lo que sentias (que no dista mucho de lo que sentía yo, por ponerte un ejemplo). El placer ha sido nuestro.
Un abrazo.
Has conseguido plasmar perfectamente todos esos pensamientos que rondaron por nuestra cabeza antes de llegar al lugar.
En mi caso era más sencillo, pero me imagino el tuyo, o el de logoss, con una gran cantidad de gente nueva por conocer.
Lo importante fue el resultado final, y las ganas palpables de volver a disfrutarlo de nuevo.
Fue todo lo que estuve sintiendo desde que empoçecé a darle vueltas al tema. Yo creo que todos estábamos así más o menos hasta que nos vimos allí reunidos.
... que así se conoce gente y se distrae uno de vez en cuando.
Seguro que esta quedada sale incluso mejor que la primera.
Saludos.
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