Es posible que de vez en cuando se nos crucen los cables y nos dé por hacer cosas que habitualmente no hacemos. Rayadas, como muchos diríamos. O locuras, según se quiera interpretar.
Hay veces que esos actos nos pasan malas facturas y hemos de afrontarlo con el pecho lleno de los aires de lima y la cabeza bien alta mirando hacia nuestra querida amiga Luna.
Parece que la experiencia a veces habla por sí sola, y dice que no dejemos de hacer las cosas que por rebeldía, explosión, desahogo queremos hacer.
Ya habrá tiempo de lamentarse o de alegrarse. Pero al menos sintamos la satisfacción de que lo hemos hecho.
El tiempo de las lecciones ha comenzado.